Admisiones

"Necesitamos una educación más viva y auténtica" Jennifer D. Klein

Por: Simón Granja Matias

22 de enero 2018 , 04:09 p.m.

¿Sabía que, en promedio, las personas solo se acuerdan del 5 por ciento de lo que les enseñaron en el colegio? Esta premisa debería generar la duda de si el sistema educativo tradicional está funcionando bien o no.

Es por eso que cada vez más surgen modelos pedagógicos novedosos o se rescatan algunos que han tenido éxito en algunos países, como la educación basada en proyectos.

Una de las mayores defensoras de este modelo es Jennifer D. Klein, autora del libro ‘The Global Education Guidebook’ (‘La guía global de la educación’) y quien desde hace seis meses es la rectora del Gimnasio Los Caobos, en Chía.

Klein –experta en educación global y en programas de planeación, evaluación y estrategias curriculares– quiere implementar la denominada educación por proyectos, una metodología de enseñanza en la cual el estudiante es el protagonista de su propio aprendizaje. De acuerdo con Klein, gracias a este método los estudiantes desarrollan las denominadas habilidades del siglo XXI (como liderazgo, creatividad y trabajo en equipo, entre otras).

¿Cómo se implementa la metodología de educación por proyectos?

El docente presenta una experiencia que les cause curiosidad a los estudiantes o una reacción emocional que los motive. A partir de ello, el profesor propone una pregunta, un problema, un reto. Y todo el proyecto se basa en resolver esa cuestión. Los estudiantes trabajan en grupos, pero a la vez cada uno tiene una responsabilidad. Al final crean un proyecto que puede ser escrito o en video.

¿En qué se basa?

En que los estudiantes son el centro, son lo más importante. Ellos deben investigar por área de interés, y se tiene en cuenta la voz y la elección del estudiante. Es un proceso complicado, hay muchos elementos de diseño y prácticas de enseñanza que tienen que cambiar para que se lleve a cabo. Pero lo más complejo es cambiar la mentalidad sobre el modelo. Muchos padres y docentes suelen creer que promueve demasiada libertad. Pero detrás de este método hay un diseño que sí asegura que los estudiantes van a aprender lo necesario, y cuando digo lo necesario estoy hablando de lo que es realmente necesario, incluyendo lo que se pide desde el Gobierno.

¿Qué cree que en verdad es necesario saber y qué no?

Aprender a buscar información en el celular sería probablemente lo más importante porque a través de esta herramienta se puede acudir a cualquier dato en el mundo. Además, los niños y jóvenes ya están programados para buscar en internet. Hay una frase que dice: “Lo que importa al mundo no es lo que uno sabe, sino lo que uno puede hacer con lo que sabe”. Entonces, para mí lo ideal sería un examen con el teléfono en la mano y preguntas muy diferentes no sobre lo que recuerdo, sino sobre lo que puedo hacer con lo que puedo encontrar. Pero eso sería una revolución mucho más grande. Lo que tenemos que hacer es cambiar lo que está pasando desde prekínder hasta graduarse del colegio para hacerlo más auténtico.

Con la tecnología hay riesgos, como la información falsa. ¿Es una cuestión entonces de enseñar pensamiento crítico?

Sí, completamente. Uno de los aspectos de enseñar pensamiento crítico es poder enseñar a reconocer cuál información es verídica y cuál no. Si en la actualidad tenemos esta cantidad de información, cuando los niños de prekínder se gradúen habrá mucha más. Debemos enseñarles a filtrarla desde pequeños.

El pensamiento crítico es una de las habilidades del siglo XXI. ¿Este modelo las desarrolla?

Muchos las llaman las ‘soft skills’ (habilidades blandas); sin embargo, no me parece un término adecuado. Podemos decir que la creatividad es una habilidad blanda, pero para mí es central para la innovación, para los cambios en todas las disciplinas. Y sí, este modelo las desarrolla. Lo que de una u otra forma caracteriza al modelo tradicional es que el profesor tiene todo el conocimiento y lo deposita en la mente del estudiante. La diferencia más grande de la educación basada en proyectos es que lo hacemos al revés. Los estudiantes están con el reto desde el primer momento, con la pregunta que quieren resolver. Y el profesor no está anticipando y enseñando antes de que surjan las preguntas; la idea es que los estudiantes hagan su investigación y surjan más y más preguntas y el profesor vaya llenando los huecos cuando aparecen.

¿Como qué tipo de habilidades del siglo XXI desarrolla?

Los niños de hoy necesitan habilidades distintas a las que necesitaron las generaciones pasadas. Las deben desarrollar para sobresalir en este mundo que cambia y está interconectado, de ahí que es necesario que fortalezcan habilidades como la comunicación, es decir, la capacidad de escuchar las ideas de los demás y comunicar las propias de forma asertiva; el trabajo en equipo y autogestionarse para participar de una manera funcional en un equipo que tiene un mismo objetivo; el pensamiento crítico, del cual ya hablamos; la creatividad; la ética profesional; la automotivación, y uno del que yo hablo mucho: las competencias globales.

Este modelo cambia la forma de dictar las clases...

En inglés tenemos una expresión que es: “El sabio en el escenario”. Pero ahora lo que buscamos es al guía al lado, es decir, acompañar al estudiante en la búsqueda del conocimiento para lograr el éxito. Lo ideal es que los estudiantes manejen el 80 por ciento de la clase y el profesor, el 20 por ciento; en la educación tradicional es al revés. El profesor ya no está parado al frente transmitiendo el conocimiento, sino que está al lado de los estudiantes guiándolos en su búsqueda.

¿Usted qué entiende por el más educado?

Si pensamos que la educación es poder recordar cualquier dato que nos enseñaron, esos estudiantes que destacaron en los exámenes tampoco son los más educados porque seguramente en los siguientes tres meses no logren recordar lo que memorizaron. Sin embargo, el estudiante que lo descubrió por sí mismo sí lo va a recordar siempre porque fue por su propia investigación y por sus intereses. Es triste que sigamos con la idea de que el número que saco en un examen es quien soy, que mi capacidad está ahí. Pero no, eso es solo un momento fijo en la vida. Lo que más importa es el crecimiento, no es lo que pude hacer durante dos horas de examen. Todo eso desde mi punto de vista va en contra de lo que yo quiero ver. Si el estudiante quiere motivarse por algo distinto a la nota, pero los padres dicen que lo que importa es la nota, pobre joven porque tampoco es una buena situación.

Conozca la pedagogía Waldorf, la revolución de las aulas

El secreto de los niños más felices del mundo

Dos profesoras que usan el arte para revolucionar la educación

SIMÓN GRANJA MATIAS

EL TIEMPO

En Twitter: @Simongrma

Para leer éste artículo en su publicación original, has click aquí

Volver